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Rafa Nadal gana a la velocidad del viento y ya divisa las 100 victorias en París

Rafael Nadal tiene un doble reto en la tierra de París. La consecución del decimotercer título, el que sería el vigésimo ‘Grand Slam’, le permitiría llegar a la cifra histórica de 100 partidos ganados en las pistas del Bois de Boulogne.

Hoy, en los octavos del torneo ante Sebastian korda, llegó a las 97 victorias, con otra exhibición de fuerza que concluyó con un tanteo de 6-1, 6-1 y 6-2, en 1 hora y 55 minutos.

Que Korda, el 213 del ranking, será muy bueno lo demuestra el descaro con el que planteó el partido con el rey de la tierra. Incluso llegó a tener dos opciones de rotura en el primer juego. Lo que pasa es que si las perdonas, Rafa no lo hace.

En el segundo juego, el español ya había hecho su ‘break’. Le tranquilizaba después de unos compases iniciales marcador por el viento que provocaba problemas de visión. Y es que la arena se metía en los ojos de los competidores con puntas de 24 kilómetros por hora. Nadal revivía la misma situación que en la semifinal del año pasado con Roger Federer. Cabe recordar que el techo retráctil sólo se utiliza en caso de lluvia.

Otro día de frío y con un tímido sol en París. El 12 veces campeón del Abierto galo ya se está acostumbrando a ello. Llegará rodado en ese aspecto a la segunda semana de competición a la que sólo faltó en dos de sus 16 participaciones: 2009 al caer en octavos con Robin Söderling y 2016 cuando se vio obligado a retirarse por la muñeca antes de saltar a disputar la tercera ronda frente a su compatriota Marcel Granollers.

Nadal le hizo pagar el descaro a su prometedor adversario con cinco juegos consecutivos que sonaron a rosco. Lo pudo evitar el estadounidense, que coqueteó con el 6-0 en las dos primeras mangas.

En el tercer set, Korda disfrutó del primer ‘break’ y de la primera ventaja en el marcador. El 2-0 en contra es la situación más complicada que ha vivido el número dos mundial en lo que llevamos de certamen.

Otra forma de hacer un rosco

Rafa no dejó coger confianza a su rival y reaccionó inmediatamente después con seis asaltos consecutivos, otra manera de anotarse un rosco. Al veinteañero le vino grande su estreno en la Philippe Chatrier. Las enormes distancias en los fondos se le atragantaron, con 48 errores no forzados, mientras que para el español es como ponerse a jugar en el salón de casa.

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