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2015-16: el año del Centenario estuvo a punto de acabar en tragedia (balance final)

MALLORCAApagados los focos de los estadios, ha llegado el momento de echar la vista atrás y hacer balance. Esta es mi visión personal de una temporada que debería haber hecho historia, pero que ha estado a punto de acabar en tragedia. La podéis leer tras el salto.

Utz Claassen accedió al poder en enero de 2015. Pese a tener seis meses de margen para mejorar al equipo, lo primero que hizo fue pedir tiempo porque, según sus propias palabras, “vamos a preparar un proyecto de ascenso para la temporada del Centenario”. “Mi mandato empieza de verdad el año que viene”.

El primer paso para elaborar el “proyecto de ascenso” fue teatralizar un esperpéntico casting con diferentes entrenadores para, al final, elegir al que quería Miquel Angel Nadal, Albert Ferrer. Una vez consumado su fichaje comenzó un largo verano en el que la dirección deportiva tuvo que trabajar sin saber hasta la semana final de cuánto dinero disponía para acudir al mercado. Lo más grave, sin embargo, fue comprobar como Nadal agachaba la cabeza cuando Claassen se presentó con tres jugadores brasileños desconocidos, comprometiendo las dos plazas de extracomunitarios y entrometiéndose gravemente en la parcela del director deportivo. Nadal tuvo que haber presentado inmediatamente su dimisión, pero calló y tragó. También tragó cuando Claassen insistió en sus injerencias aportando a la plantilla a dos de sus compatriotas, el portero Wellenreuther y el defensa Hennebole. También estuvo a punto de fichar al francés Kébé, pero su estado físico era tan lamentable que no superó la prueba a la que fue sometido.

Albert Ferrer tampoco se atrevió a levantar la voz. Prestó su imagen para la lamentable campaña de pretemporada “i tú, puges?” y guardó silencio cuando Michael Blum le diseñó una pretemporada digna de un equipo de regional, con los jugadores yendo a comer kebabs, rellenando las botellas con agua del grifo y soportando maratonianos desplazamientos por carretera para ahorrar dinero como fuera. El peso de esa pretemporada indigna de un equipo profesional, con los jugadores esperando una y otra vez a que Michael Blum y Tino Martínez acabaran de cenar y se dignaran subir al autocar, ha pesado como una losa en el nivel físico de la plantilla durante toda la Liga.

A falta de pocos días para comenzar la competición llegó por fin el dinero que necesitaba Nadal para fichar a los jugadores de arriba, que siempre son los más caros. Se eligió muy mal y se optó por futbolistas que venían de largos periodos de suplencia o de sequía goleadora. Coro, Bianchi y Acuña eran los teóricos titulares y Claassen les definió como “la mejor delantera de Segunda”. Su balance en el Mallorca ha sido de tres goles entre los tres, uno de ellos de penalty.

La temporada comenzó en Alcorcón. La imagen del equipo fue lamentable. Perdió 2-0 y pudieron caer muchos más. Allí firmó su sentencia el alemán Hennebole, al que Claassen firmó un contrato de dos años. Fue su primer y único partido con el Mallorca.

El “proyecto de ascenso” no tardó en estrellarse. El Mallorca pasó a ocupar plaza de descenso porque no daba arriba ni para crear peligro. Esa evidencia llevó al Chapi a replantearse su filosofía. Dado que los fichajes que habían llegado para la parte defensiva sí estaban ofreciendo resultado -Wellenreuther, Costas, Campabadal, Aveldaño y Oriol-, decidió dar un paso atrás y dedicarse a mantener a cero la portería. Fue la época del doble lateral con Company y Campabadal y de los goles milagrosos de Brandon. El mallorquín era el único que aguantaba arriba al equipo, pero sufrió varias lesiones musculares y esa fue la sentencia para el Chapi. 48 horas después de que Claassen dijera que su puesto no corría peligro le despidió tras una injusta derrota en Vitoria.

Por aquel entonces eran ya de dominio público las negociaciones de Claassen con Sarver, por lo que el sustituto del Chapi fue de carácter interino. Pepe Gálvez tomó las riendas y se estrenó con una contundente victoria ante el Albacete. Sería su único triunfo. El mallorquín se marchó con lágrimas en los ojos tras perder ante el Valladolid en casa y con la sensación de que si le hubieran dado las mismas armas que a Vázquez hubiera obtenido muchos mejores resultados.

Con Sarver al mando desde el partido ante el Córdoba en El Arcángel, se ejecutó desde los despachos una revolución invernal en la plantilla. El abogado Maheta Molango, nombrado mano derecha de la nueva propiedad, trajo en enero a seis jugadores. Tres de ellos habían marcado 21 goles en la primera vuelta -Ortuño con el Zaragoza, Oscar Díaz con el Numancia y Lago Júnior con el Mirandés-, otro era una apuesta de futuro -Pol Roigé-, otro una decisión personal del propio Maheta -Colunga- y el último una petición de Fernando Vázquez -Salomao-. El gallego había reemplazado a Gálvez en la que sin duda fue la primera decisión populista de Maheta, que apostó por el entrenador que el 95% de la afición hubiera elegido de haber tenido la capacidad para ello.

En marzo el Mallorca celebró con una victoria ante el Oviedo el primer Centenario de su existencia. Robert Sarver, Andy Kohlberg y Steve Nash se desplazaron a Palma y Utz Claassen, atraído por la luz de los focos, no perdió la oportunidad de reclamar su parcela de protagonismo. Su surrealista discurso en el acto central, celebrado en el Teatro Principal, fue su última aparición pública. Desde entonces no se le ha vuelto a ver. Ahora parece que pretende volver.

En ausencia de Claassen, Maheta Molango se convirtió en el verdadero presidente del Mallorca. Su irrupción ha sido la mejor noticia de la temporada. No sólo demostró implicación, sino también sensibilidad. Ha sido capaz de mejorar la imagen del club y de crear sinergias. Ahora le falta dar un paso más y ser valiente en la necesidad de ejecutar cambios radicales.

El equipo experimentó un pequeño repunte en el arranque de la segunda vuelta, pero una sorprendente derrota ante el colista Bilbao Athletic le devolvió a su realidad. Solvente en casa pero estéril fuera, no fue capaz de salir de la zona baja en toda la temporada, hasta el punto de que una derrota en casa en la penúltima jornada le dejó en posiciones de descenso y a expensas de que tropezaran o Almería o Ponferradina, lo que finalmente, y por fortuna, acabó sucediendo.

No creo que Vázquez sea la persona adecuada para liderar el próximo proyecto. Tampoco creo que deban continuar en el club personajes atávicos que han demostrado ser nocivos en el pasado. No comparto en cambio la opinión general sobre Miquel Angel Nadal. Se equivocó siendo sumiso con Claassen, pero su imagen y su capacidad humana son muy beneficiosas para el Mallorca. De hecho, no se me ocurre mejor presidente institucional que él, aunque parece que los tiros se decantan hacia Monti Galmés.

Acabo este pequeño balance con un mensaje de preocupación. Parece que Claassen está trabajando en bambalinas para recuperar el poder. Ignoro qué capacidad tiene para mover de su silla a Molango, aunque intuyo que utilizará “agentes externos” para crearle dudas a Sarver. Lo peor que podría pasarle al Mallorca es volver a entrar en una Guerra Civil. Ya ha habido demasiada sangre. Lo que hace falta ahora es tranquilidad y estabilidad, y en esas dos facetas Maheta Molango ha demostrado mucha más valía que Utz Claassen.

T.Maura futboldesdemallorca

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