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Hoy se cumplen 30 años del inolvidable partido de Las Gaunas

pag-46-fotoLo recuerdo como si fuera hoy mismo, pero han pasado ya 30 años. El 18 de mayo de 1986 el Mallorca ascendió a Primera División al ganar al Logroñés en Las Gaunas en el que, con toda seguridad, fue uno de los partidos más épicos de la historia del club. El gol de Luis García marcó a toda una generación de mallorquinistas y elevó a los altares a un equipo que en el curso siguiente lograría el hito de meterse en el play off por el título de Liga en Primera División, el primero y único que se ha disputado jamás.

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El Mallorca llegó a Logroño dependiendo de sí mismo para ascender tras una temporada extraña en la que pareció estar incluso desahuciado, pero en la que se agarró firmemente al tren de un sprint final de Liga impresionante. Fue el estreno de Serra Ferrer en el banquillo y la confirmación de jugadores como Orejuela, Magdaleno, Higuera, Luis García o Hassan que proporcionaron a la afición momentos inolvidables de buen fútbol.

Circulan por ahí muchas historias sobre lo que sucedió en el césped de Las Gaunas. Dado que ninguna de ellas se ha probado jamás, me voy a limitar a narrar los hechos tal y como acontecieron, dignos de la imaginación del mejor de los guionistas. Tras una primera parte en la que apenas hubo ocasiones de gol, el Logroñés se adelantó en el arranque de la segunda con un disparo a la media vuelta de Lotina al que no pudo llegar Mallo. El 1-0 dejó helados a los 3.500 seguidores bermellones que estaban en el estadio, en la que entonces fue una de las mayores diásporas de la historia del club. Muchos de los que fueron testigos de ese partido continúan con vida y nunca dejan de contarlo en cuanto tienen la menor ocasión. Les entiendo perfectamente. Yo también estuve allí.

A medida que avanzaba la segunda parte crecían la ansiedad y el desasosiego porque las noticias que llegaban de otros campos no eran buenas. El equipo necesitaba ganar y sólo faltaban veinte minutos para acabar el partido. Fue entonces cuando el Tronquito Magdaleno se sacó de la chistera una vaselina maravillosa que superó a Moncaleán y acabó en el fondo de la portería riojana. 30 años después aún me sorprende cómo Magdaleno pudo tener, en aquel momento de máxima tensión, la serenidad, la valentía y la sangre fría de intentar algo así.

El empate aún no era suficiente y el partido se acercaba peligrosamente a su final. En el banquillo local se sentaba el vasco Koldo Aguirre, a quien Contestí había cesado en el Mallorca tres años antes, y parecía el más interesado en aguarle a su ex-equipo la fiesta del ascenso. Todo parecía perdido cuando en el minuto 84 el extremo murciano Fernando Martínez Pérez, al que apodaban Puskitas porque era zurdo como el legendario delantero húngaro de Real Madrid, tiró de lo mejor de su repertorio y con una bicicleta inolvidable dejó sentado a su marcador en la línea de fondo. Su pase atrás y el remate a la red de Luis García viniendo desde atrás, así como su carrera desbocada para celebrar el gol, nos ponen todavía a todos la carne de gallina. No creó que en la historia centenaria del Mallorca se haya gritado tanto un gol como se gritó ese.

El partido acabó con las dos aficiones hermanadas, con la mallorquinista invadiendo pacíficamente Las Gaunas -algunos llevándose recuerdos que aún guardan como un tesoro, como trozos de la red de la portería donde el Mallorca marcó sus dos goles- y con la enorme satisfacción del deber cumplido. Hace tres décadas de eso. Casi media vida en el camino.

T.M.Futboldesdemallorca

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