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1-0. El Sant Jordi dice adiós al sueño del ascenso a Tercera Division

mNo pudo ser. El Sant Jordi, con un grandísimo corazón, a pesar de ganar en el Kiko Serra por un gol a cero, no pudo salvar el 2 a 0 de Mallorca y ha caído en la eliminatoria global contra el Andratx por dos tantos a uno.

El equipo mallorquín lo tenía muy claro: había que congelar el partido el tiempo que hiciera falta. “Ya han pasado cinco minutos”, llegaron a gritar desde el banquillo azulón cuando el encuentro aún estaba en pañales. Los mallorquines venían a la mayor de las Pitiusas con la lección aprendida y no deseaban que el fútbol directo del Sant Jordi les hiciera sufrir como ya lo hizo en Sa Plana, donde el Andratx tuvo que neutralizar hasta cuatro ocasiones claras de gol de los verdinegros en la primera parte.

Los jordiers, por su parte, salieron al Kiko Serra nerviosos. Sabían que el dos a cero del partido de ida era una fea herida que sería difícil de cicatrizar en Ibiza. Por eso, entendiendo que el partido podía ponerse cuesta arriba, Sergio Tortosa reservó a Juanito Benítez para sorprender al equipo mallorquín cuando éste estuviera más cansado. Pero, curiosamente, el plan del Sant Jordi y del Andratx para la primera parte era el mismo. Era crucial no encajar en los primeros minutos.

Más ímpetu que ideas
Los mallorquines, sabedores que el tiempo corría a su favor, se echaron atrás y dieron la pelota a los verdinegros. Éstos, con más ímpetu que ideas, se estrellaban una y otra vez contra la defensa del Andratx que, sin embargo, tampoco mordía a la contra. Una bala de paja en el desierto resumiría bien la primera parte. Sólo Adrián Ramos, con un fantástico cabezazo, inquietó la hoja de ruta de los azulones, pero su remate fue atajado de forma magistral por el joven Joan. Las aspiraciones del Sant Jordi caían de la misma forma que cayó el pobre Tití que, tras ser atendido por un golpe en la cabeza que le hizo sangrar a borbotones, tuvo que ser sustituido al final de la primera mitad porque estaba fundido.

Su imagen, mientras era atendido por la fisioterapeuta, era como la de un púgil tras un combate de doce rounds. Lo mejor -y lo peor- llegaría en la segunda parte: una segunda parte que fue una auténtica batalla. Tortosa activó a Juanito Benítez y funcionó. El jerezano cogió una pelota en la zona de tres cuartos, dio un pase interior a Marquitos que se quedó solo delante del portero mallorquín. El 10 jordier vio la incorporación de Adrián Ramos por la derecha y este último, a trompicones y llorando, introdujo la pelota en la portería. Uno a cero y quedaban 44 minutos de juego (o eso era lo que creían los más de 500 aficionados que llenaron el Kiko Serra). Quince minutos después otro gran balón interior dejaba sólo a Marquitos que tuvo que ser derribado por el central mallorquín Josema que era el último hombre.

La expulsión fue justa, pero las protestas del Andratx y la falta de voluntad de Josema para abandonar el terreno de juego encendieron la mecha. El colegiado, que hizo un gran encuentro por todos los incidentes que se produjeron fuera y dentro del terreno, tuvo que lidiar con la marabunta de jugadores de uno y otro equipo que se apelotonaban a su costado. Y en ese interín, el veterano portero David Prats aprovechó la ocasión para “invitar” al central expulsado a salir del campo. Tarjeta amarilla para Prats.

Final de infarto
Se despejaba el camino para el Sant Jordi. O eso parecía. Los jugadores del Andratx bailaban en el banquillo inquietos. Algunos gritaban; otros callaban la tensión encarándose contra algún que otro aficionado dedicándoles una sonrisa. Pero poco después respirarían con la expulsión por doble amarilla de Luis Lara. A pesar de esto, con diez contra diez, el esfuerzo del Sant Jordi se multiplicó. Damià y Youssouf, que retrasó su posición para cubrir el hueco en defensa que había dejado Larra, no paraban de destruir y de pelear para mantener el sueño de todo un pueblo y, arriba, Adrián Ramos no dejaba un balón sin disputar. El efecto Juanito se diluyó y el conjunto mallorquín buscó el gol que remataría su pase a la siguiente fase.

Las lesiones musculares pasaron factura a todos. En los últimos minutos era difícil no ver a un jugador, de uno y otro equipo, tendido en el terreno aquejado de algún dolor. Una vez cumplido el minuto 90, el tiempo extra se prolongó de forma insospechada, pero justificada dada las circunstancias que habían rodeado el partido. Desde la grada, una treintena de familiares de los futbolistas mallorquines, con el rostro desencajado, pedían la hora.

Y en los momentos tensos siempre aparece el córner de rigor. Eran las últimas balas del Sant Jordi. El equipo de Tortosa centraba desde la izquierda. Hasta David Prats acudió a rematar. Tras una serie de rebotes y rechaces, Adrián Ramos consiguió disparar a espaldas de la portería. Pudo ser el dos a cero, pero, de nuevo, Joan estaba bien posicionado. Con el pitido final, los jugadores mallorquines entraron en éxtasis y celebraron la que, posiblemente, haya sido una de las eliminatorias más difíciles que hayan disputado nunca. El Sant Jordi le puso mucho corazón, pero el fútbol -en ocasiones- es así.
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