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A Christmas Carol

ImageProxyOs reproduzco el artículo que publicamos hoy en EL MUNDO. Es una historia de solidaridad humana que creo que retrata a la perfección al Cerdà persona. Espero que la publicación de lo sucedido le haga recapacitar sobre su actitud.

Su nombre es Margalida Tomàs.  Su hermano fue jugador del Mallorca en la década de los 50. Aunque se trata de un rostro anónimo, a pesar de su condición de vicepresidenta de la Penya de Algaida, es una pieza esencial para el buen funcionamiento de uno de los principios básicos que deben regir la filosofía de una Fundación sin ánimo de lucro: la solidaridad con los más desfavorecidos.

A través de la Fundació Reial Mallorca Margalida lleva mucho tiempo vertebrando acciones sociales. El procedimiento casi siempre es idéntico: aprovechar el último partido del año en Son Moix para recolectar bolsas de alimentos que destinar a los pobres o a los marginados en fechas cercanas a la Navidad. Cáritas, Banco de Alimentos u ONG’s internacionales. Ese es el destino.

Este 2013 tocaba ayudar a la Fundación Zaqueo, el comedor social que reúne cada día en Palma a cerca de 400 personas que buscan un plato caliente que por culpa de la crisis o de la exclusión no pueden permitirse por sus propios medios. Numerosos establecimientos de restauración abastecen gratuitamente a Zaqueo, pero las colas aumentan y muchas veces no es suficiente.

El pasado jueves, durante el brindis navideño que el club ofreció a las peñas del Mallorca, Margalida se acercó a Son Moix para saludar a Serra Ferrer y a Biel Cerdà. Con los dos habló personalmente y les pidió ayuda particular. «Una bolsa con alimentos para los pobres. Eso es todo lo que quiero». Ambos la despidieron con una sonrisa que ella interpretó de complicidad. No había ninguna duda.

Y llegó el domingo, el Día H. José Luis Oltra fue el primero en aparecer. Margalida le recibió con dos besos. Tras el entrenador, uno tras otro, desfilaron en procesión los futbolistas. Ni uno solo dejó de entregar el paquete. Una buena comida de Navidad para los que necesitan más que nadie un motivo para seguir adelante.

Poco a poco las bolsas fueron amontonándose. Un empleado llegó con dos muy voluminosas. «Son de Serra Ferrer, que está de viaje, pero me las ha dejado para ti». A Margalida las lágrimas le corrían por la mejilla. Objetivo cumplido.

Sin embargo, de repente reparó. Falta alguien. El presidente Cerdá no ha aparecido. Su bolsa, tampoco. «Se ha olvidado, eso fue lo que pensé». Y de inmediato fue en busca de la persona que el viernes se había identificado como su secretaria. «Mira, es que el viernes hablé con él y me dijo que contara con su aportación, pero de momento…». «Espera, voy a ver si puedo hablar con él». Al cabo de un rato regreso encogiéndose de hombros. «No, no hay nada». Margalida, confiada en la bondad humana, lanza un mensaje de esperanza. «No pasa nada, seguro que se ha olvidado. Dile que lo puede mandar a la Fundación. Lo estaremos esperando».

No ha llegado nada todavía. Seguramente en las próximas horas, gracias a este relato, sí que aparezca la bolsa de Cerdà. Lo contrario sería propio de un ser miserable, de alguien mucho más cercano al Ebenezer Scrooge que dibujó con maestría Charles Dickens en A Christmas Carol, una de las obras cumbres de la literatura victoriana.

«No sólo por solidaridad, sino por su propia imagen, esto segura de que hará su aportación». El corazón de Margalida es enorme. El problema es que no todos los corazones tienen ese tamaño. Algunos, lamentablemente, son muy pequeñitos. (Tomeu Maura)

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