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Cerdà y sus delirios de grandeza

BIEL CERDAHoy debo admitir que me siento profundamente preocupado por el futuro del Mallorca y me veo obligado a insistir en que no me cabe la menor duda de que la única solución razonable es que se vayan todos, absolutamente todos, y que el club pase a otras manos. El comunicado de Biel Cerdà es delirante, demuestra una megalomanía muy peligrosa y pone en evidencia que, para la higiene general, este personaje debe desaparecer cuanto antes de Son Moix.

He leído varias veces el comunicado y sigo sin dar crédito. Hay frases que son especialmente tremendas, como ésta: “finalmente, este verano y tras la debacle deportiva, decidí aceptar la presidencia del Consejo de Administración”, que delata que él realmente cree que es la solución a los problemas del Mallorca, como se demuestra en el siguiente párrafo: “Me reafirmo en mi compromiso con el RCD Mallorca de seguir trabajando, para dar la estabilidad institucional, económica y deportiva que se merece. Me he propuesto actuar con responsabilidad, explicar de manera objetiva lo ocurrido, y tener una actitud respetuosa con esta gran institución”. Olvida el señor Cerdà que a él lo único que le legitima es un pacto contra natura aceptado por Serra Ferrer en plena desesperación. Ni le admiten los socios, ni le admiten los empleados del club, ni le admiten los jugadores ni le admite el resto del Consejo. El, en cambio, se manifiesta plenipotenciario y se arroga un aura de salvador del club. Increíble.

A Cerdà le ha turbado el poder y ahora mismo es él solo contra el mundo. En el escrito remitido a los medios de comunicación trata de mentiroso a Claassen y de inútil a Serra. Se cree protegido por un pacto de sindicación que no duda en recordar que “es un acuerdo de Ley, firmado ante notario y aprobado y registrado en el CSD (Consejo Superior de Deportes), con una vigencia de 7 años con lo cual no se entiende que 4 meses después se hable de romperlo”, y en base a ese poder desafía sin pudor al resto del Consejo.

Además, Cerdà demuestra tener un absoluto desconocimiento de lo que es un club de fútbol profesional. No hay ni un solo equipo en el mundo que someta los fichajes a debate en el Consejo de Administración, entre otras cosas porque a los cinco minutos se difundirían los nombres y los jugadores pasarían a costar el doble o el triple. Eso, sin hablar de las más que discutibles condiciones técnicas de personajes como Pep Roig, Pedro Terrasa o el propio Cerdà para decidir si es mejor para el equipo fichar a Lopo o a Marchena. ¿Alguien se imagina a Florentino Pérez sometiendo a votación el fichaje de Bale? ¿O a Rossell pidiendo a sus directivos consejo sobre Neymar? Pero no sólo eso. Cerdà cae en su propia trampa cuando proclama su deseo de ofrecerle al Consejo la máxima transparencia en el área deportiva. Eso lo dice un tipo que se ha reunido con Carreras a espaldas de todo el mundo, por citar tan sólo un caso, que ha habido bastantes más.

Biel Cerdà ha dejado de ser una anécdota para convertirse en un peligro. Un peligro que hay que atajar cuanto antes para evitar que su paso por el Mallorca acabe como el de los hunos por las tierras conquistadas, sin que bajo los pies de sus caballos vuelva a crecer una sola brizna de hierba. Por supuesto no me entusiasma la idea de un pacto entre Claassen y Serra, pero lo que es cierto es que esto no puede seguir así.
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