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Serra Ferrer: errores y aciertos

Serra-FerrerOs reproduzco tras el salto el artículo sobre Serra Ferrer que publico hoy en EL MUNDO. Sus dos principales errores, sobreproteger a Caparrós y haber reforzado mal el centro de la defensa. Sus aciertos, los fichajes de Gio y Javi Márquez. Lo tenéis tras el salto.

 

La historia le recordará como el único entrenador indígena que ha ascendido dos veces al Mallorca a Primera División y como el primero que lo llevó a una final de Copa, pero también como el responsable de los dos últimos descensos, el primero sentado en el banquillo y el segundo en el palco. Un estigma que a partir de ahora le acompará durante toda su vida. Pase lo que pase.

Desde su condición de máximo accionista, presidente en funciones y director deportivo, atribuciones que le convierten en un caso único en España, es evidente que todas las miradas van dirigidas hacia él. De hecho, hoy es sin duda el personaje más odiado por el mallorquinismo. Pero, ¿significa eso que es el culpable del descenso? Responsable desde luego sí; culpable, sin embargo, es mucho más discutible.

A Serra hay que juzgarle como gestor y como técnico porque él desde el principio ha querido que fuera así. Y es una responsabilidad tremenda, porque no tiene nadie por encima que pueda discutirle cualquier decisión deportiva que tome. Para bien o para mal, es siempre el que tiene la última palabra.

Como gestor hay poco que reprocharle. Tuvo el valor de hacerse cargo de un cadáver con más de 80 millones de euros de deudas y, hasta ahora, ha presentado superávit cada temporada. Los jugadores están al día, hay bastante dinero en el banco y el convenio de acreedores está controlado. Su único conflicto en este apartado son las gueras intestinas que existen en la directiva por hacerse con el poder, fruto de la propia inexperiencia de Serra Ferrer como directivo. Si desde el principio hubiera comprado la mayoría, como ahora pretende, ya no tendría ese problema, pero creyó equivocadamente que todas las personas que se subieron al barco querían remar hacia el mismo lado, y cuando se dio cuenta de su error era demasiado tarde.

Como director deportivo ha fichado a tres entrenadores y a 23 futbolistas, 10 de ellos esta temporada. Y ha habido de todo. Desde grandes aciertos, como De Guzmán y Gio, hasta fracasos sonoros, encabezados por supuesto por el belga Ogunjimi. Lo normal en un equipo como el Mallorca, que sale al mercado sin dinero, es equivocarse con frecuencia por una razón evidente: sólo puede aspirar a cedidos y a jugadores que estén libres o cuesten muy poco. Basta con coger lápiz y papel y hacer números para darse cuenta de que lo mismo sucede en el 95% de clubes de todo el mundo.

Esta temporada vino condicionada en verano por la renovación de Joaquín Caparrós. Cuando echó el telón el anterior Campeonato y el equipo se quedó a un solo punto de Europa, todo el mallorquinismo reclamó la continuidad del utrerano. Fue necesario hacer un gran esfuerzo económico, pero se cumplió el objetivo y Capa y su equipo firmaron un nuevo contrato. Pero no salió gratis. Además de su salario, el entrenador exigió jugadores. Sobre todo a dos, Arizmendi y Zigic. Serra trató en vano de persuadirle de la necesidad de incorporar al primero, pero al final tuvo que claudicar. Zigic también hubiera venido, pero las exigencias de su representante convirtieron el acuerdo en imposible, y de repente surgió la oportunidad de Gio dos Santos, al que ya había querido fichar el año anterior. Una ocasión única. Por un millón de euros el Mallorca adquirió el 50% de los derechos de un futbolista diferencial aunque, eso sí, recién llegado de la Olimpiada y lesionado.

El siguiente paso fue apuntalar la defensa. Y ese es, a toro pasado, el gran error de Serra Ferrer esta temporada. Las bajas de Chico y de Ramis crearon un hueco muy difícil de llenar, y mientras Caparrós pedía a David Navarro, el director deportivo miró al extranjero con un nombre propio subrayado en rojo, el del central brasileño Cris, cuya salida del Olympique de Lyon parecía cantada.

El Mallorca llegó a un acuerdo con Cris, un futbolista con un cartel impresionante, y que en teoría iba a convertirse en la pareja de Nunes, con el que el club había tenido que hacer otro esfuerzo para evitar que se fuera al fútbol árabe. Sin embargo el plan tuvo que ser modificado porque el Olympique se negaba a pagarle el finiquito que pedía el jugador, y el plazo de cierre de fichajes se le echaba encima a Serra.

Fue entonces cuando Jorge Mendes propuso una solución alternativa, la de otro brasileño, Pedro Geromel, cuyos derechos acababan de ser adquiridos por un fondo de inversión del que formaba parte el propio intermediario portugués, que habilitó una fórmula extraña para la llegada del central al Mallorca. Geromel seguiría siendo oficialmente del Colonia, que lo cedería durante cuatro temporadas, con la particularidad de que al final de cada una de ellas podía recuperarle, aunque quien en realidad decidía el futuro del jugador era el fondo de inversión.

La defensa se completó con otro brasileño, éste desconocido, Anderson Conçeicao, y con el veterano Antonio López, que llegó con la carta de libertad del Atlético de Madrid. De acuerdo con Caparrós no se fichó a ningún lateral derecho con el objetivo de reconvertir a Emilio N’Sue.

La temporada comenzó de forma excelente. Nadie dudaba de la pareja Geromel-Anderson, Javi Márquez era el líder del centro del campo y arriba los goles de Hemed disipaban el recuerdo de Gio, que seguía lesionado y no había podido debutar.

Todo cambió el 23 de septiembre, en la quinta jornada, cuando Javi Márquez se fracturó el tobillo ante el Valencia. El equipo acabó la jornada tercero, en posición Champions, pero entró en un bucle interminable de bajas que provocaron que hasta siete futbolistas tuvieran que pasar por el quirófano.

A Caparrós todo su plan se le vino abajo. De repente se quedó de golpe sin Nunes, Javi Márquez y Antonio López, y ni Gio ni Arizmendi estaban recuperados. El equipo comenzó a perder, a perder y a perder. 11 jornadas consecutivas sin una sola victoria.

Serra esperó demasiado para tomar la decisión que la grada le reclamaba. Antes le dio al entrenador una última oportunidad y fichó en el mercado de invierno a Hutton, Luna y Tissone. Pero fue inútil. Tras perder ante la Real Sociedad en Anoeta no hubo más remedio que prescindir de Caparrós. Quizás demasiado tarde.

La solución fue acudir a Manzano, un entrenador al que avalaba su trayectoria en el club, pero cuya  última etapa había dejado un poso de rencor entre la afición. Fue un paso muy arriesgado por las dos partes, comenzando por el propio Gregorio, sin nada que ganar y con casi todo que perder, como al final se ha acabado demostrando.

El fichaje de Manzano erosionó todavía más la imagen de Serra Ferrer entre la grada de Son Moix, pero era el último y desesperado movimiento que le quedaba por hacer al máximo accionista. Una vuelta final de tambor en el revólver de la ruleta rusa.

El fútbol dictó sentencia el pasado sábado. El equipo que estaba llamado a pelear por Europa ha acabado con sus huesos en Segunda División. Con futbolistas como Gio, Alfaro, Javi Márquez, Pina, Hemed, Hutton o Tissone. Suficientes desde la lógica para haber hecho una gran temporada. Pero lamentablemente no baja quien tiene peores jugadores, sino quien lo hace peor, y las circunstancias han condenado al Mallorca y han demonizado a Serra Ferrer, al que le costará muchísimo recuperar el crédito porque este deporte no entiende ni de trabajo ni de sacrificios, sino sólo de resultados, y desde el frío estadismo del balance del curso, no cabe duda de que ha sido un enorme fracaso

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