Sports de ca Nostra

Rafa Nadal arrolla a Schwartzman, (4-6 , 6-3 , 6-2 y 6-2)

En estas primaveras típicamente parisinas, en Roland Garros se confunden los paraguas con los tirantes y los chubasqueros con los sombreros de paja. Indecisos los transeuntes que pasean por la calle comercial porque tan pronto hay nubes como un sol resplandeciente. Lo que sí es una constante año tras año en París es que Rafa Nadal ofece si mejor juego con el cielo despejado. Y conscientes de eso, las compras se dejaron a un lado y las prisas llegaron para llegar al asiento, afortunados los que compraron entradas para las semifinales femeninas, pues se llevaron de regalo la segunda parte del Nadal-Schwartzman, aplazado ayer por la lluvia.

Ya desde la previa el Nadal arrollador había aparecido, después de un extraño primer set en el que se dejó tres veces su saque y un comienzo del segundo en el que también Schwartzman logró desestabilizarlo. Pero asomó tras el primer parón por la lluvia el Nadal que celebraba la grada, emocionada conforme el presentador contaba, uno a uno, todos los títulos que tiene el español en París.

Y con el sol, fue otro Nadal, otro Schwartzman y otro partido. Si el español había perdido siete veces su servicio en ese encuentro acortado por agua, en la reanudación no falló ni uno. Ganó los dos puntos que le quedaban del segundo set, y tardó 40 minutos en perder un solo punto con su saque. Fue en el octavo juego del segundo parcial, doce minutos de duración, donde Schwartzman despertó y logró cuatro bolas de break. Lo que ayer hubiera sido juego para el argentino sin remedio, hoy era una muestra de confianza por parte del español, que se convirtió en el chaparrón particular de su rival. El set concluyó on un 6-2 inapelable. Con el sol, Nadal se enciende.

Y ya no se apagó, consciente el número 1 que tendría menos horas para descansar que su rival en semifinales, Dominic Thiem, que terminó su encuentro el martes. A Schwartzman no le salían ni los remates cerca de la red, ni la cinta jugó a su favor, y aunque se ganó alguna otra opción de break ya en en el cuarto juego de la cuarta manga, Nadal frenó sus impulsos, obligándolo a jugar a tres metros por detrás de la línea de fondo porque lo que ayer eran pelotas pesadas y sin profundidad, hoy salían disparadas con el calor y con las ideas claras del balear.

El partido ya nunca fue a cinco sets. El español se lo planteó a tres. No quiso dejar escapar la buena dinámica ni los rayos de sol. Todo velocidad incluso cuando descansaba en los intermedios, todo actividad y ánimos cuando ayer todo eran miradas de incomprensión al palco. Golpes ganadores de derechas y de revés, piernas siempre en el aire para no dejar reacción al rival, con la única opción de responder a un golpe con otro más fuerte y empujada por un salto, pero con menos confianza porque la pelota subía hasta el hombro. Y a esa altura, se pierde el control. Todo lo que tenía Nadal, que quiso ganar el partido robándole un break al argentino, como él le había hecho en cinco ocasiones en la primera parte de este partido. No lo consiguió a pesar de intentarlo con una bola de partido en un juego que duró diez minutos.

Otras tres desaprovechó en su siguiente turno de saque. Con una pista que quería más al grito de «Diego, Diego», el argentino alargó el último juego hasta los diez minutos, con tres opciones de rotura. Pero Nadal levantó todas y terminó con una derecha invertida profunda, a la línea, a contrapie. Armas para seguir con paso firme hacia la final en la Ciudad de la Luz.

Schwartzman seguirá siendo ese jugador que molesta al balear, que le encuentra siempre un algo para tener que forzarle a una marcha más. Y pasará a la breve historia de este torneo como el que le robó un set al español después de 37 consecutivos y más de mil cien días. Nadal sigue siendo ese jugador que se enciende con el sol. En París ya son 901 victorias, un 6-0 a su rival, 84 triunfos por solo dos derrotas. Y a solo dos del undécimo título. Aviso a Thiem, Nadal se pasea encendido por Roland Garros

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