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Rafa Nadal desespera a Dimitrov y jugará su 12ª final en Montecarlo ante Kei Nishikori o Alexander Zverev.

Rafa Nadal buscará su 11º título en el Masters 1000 ATP de Montecarlo y conservar el nº 1 mundial tras someter a Dimitrov 6-4 y 6-1

Rafa Nadal domina todos los palos de la baraja de tierra batida. Puede ser brillante y destrozar al nº 7 mundial Dominic Thiem, 6-0 y 6-2, pero asimismo tiene la capacidad de dominar un partido trabado y acabar desesperando a todo un ‘maestro’ y nº 5 ATP como Grigor Dimitrov.

6-4 y 6-1 en una hora y 32 minutos de plantar el muro en su lado de pista y desgastar al rival mental y físicamente hasta desesperarlo. Nadal se deshizo de un voluntarioso Dimitrov, y llega a su duodécima final en el Masters 1000 ATP de Montecarlo sin ceder un set y con las fuerzas intactas para afrontar al vencedor del duelo entre Kei Nishikori y Alexander Zverev.

El domingo, el manacorí, 31 años, perseguirá una 12ª corona en Montecarlo, la 76ª en su carrera ATP y 54ª en arcilla. Está en su salsa, en el territorio que más subraya sus condiciones y donde se siente más seguro, aunque se halle en una jornada sin la inspiración enseñada jornadas previas.

Sólo 6 golpes ganadores y nada menos que 21 errores no forzados sumó Nadal. Señal de que no tuvo los tiros afinados, pero ejemplo también de que fue una semifinal más de desgate y estrategia que de ráfagas espectaculares. Dimitrov pegó 9 ganadores y acumuló 39 fallos.

Estadística aparte, el encuentro se disputó en la hora que duró la primera manga. El control corrió a cargo de Nadal, que enseguida tomó ventaja en el marcador (3-0), que perdió a continuación (3-3). Rafa salvaba luego sin problemas su saque, mientras que Dimitrov salvaba bolas de ‘break’ al límite para alcanzar el 4-4.

5-4 Nadal y servicio Dimitrov, en el siempre delicado décimo juego del set. La presión le cayó de golpe al búlgaro, que acumulaba mucha traca encima porque había defendido cada punto recorriendo muchos metros. Cometió dos dobles faltas y abrió el camino a Rafa, que selló con una derecha paralela que limpió la línea. 6-4 en una hora y un minuto de mucha labor.

Nada nuevo para Rafa, acostumbrado a bregar en tierra si toca, pero una exigencia excesiva para Dimitrov en una arcilla que no ayuda tanto a su tenis de tiros. El muro Nadal se hizo enorme a ojos de Grigor, que ya no tenía el parapeto del tanteador.

Se fundió Dimitrov cediendo dos servicios en blanco. Nadal, imperturbable. Sólido, mandando mensajes gestuales al adversario de que su máquina estaba engrasada y lista para triturar. Parcial de 7-0 Nadal, y al búlgaro no le quedó otra que al menos librarse del ‘rosco’.

Otra lección de Nadal, distinta pero igual de efectiva. Incluso más inquietante para el oponente: seguridad máxima aun en días menos brillantes, como éste, penalizado desde un saque que no ayudó. Eso sí, mente clarividente y a buscar el revés de Dimitrov con bolas altas y cada vez más anguladas para aniquilaro, aunque fuera a cámara lenta respecto a lo sucedido con Thiem.

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