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España alcanza las semifinales de la Eurocopa de fútbol sala (0-1)

Sonó Sweet Caroline sólo unos segundos antes de que se pusiese la pelota en juego y los altavoces de Liubliana atronaron con la voz de Neil Diamond preguntando si los buenos tiempos en realidad fueron tan dichosos.

Como preámbulo no parecía muy alentador, más teniendo en cuenta que la rudiosa afición ucraniana había convertido el  Arena Stožice en una suerte de plaza Maidán, aunque incruenta y a cubierto.

Pero lo bueno de esta selección de fútbol sala es que ha hecho rutina de lo extraordinario para volver a meterse entre las cuatro mejores del Viejo Continente. Una vez más y van once consecutivas: todas las Eurocopas disputadas hasta la fecha y esto comenzó allá por el pasado milenio.

Esta España gana como respira y tal vez para seguir la costumbre el seleccionador José Venancio López repitió el quinteto inicial que 48 horas antes había doblegado a Azerbaiyán.
Un hábito basado mucho más en la transpiración que en la inspiración, aunque de todo ha habido en unos cuartos eléctricos ante la rocosa Ucrania.

Los de Oleksandr Kosenko le imprimían un calambre al choque desde el inicio que se topaba con la respuesta española en forma de presión asfixiante y rápidas transiciones que morían en la orilla.

Un lanzamiento a la escuadra de Pola desequilibraba un choque jugado con máxima intensidad por los dos equipos

La selección llegaba y no concretaba, pero cuando el electrónico parecía que se iría sin parpadear al descanso apareció un portentoso derechazo a la escuadra de Pola que lo cambiaba todo. La barba del vigués cada vez le asemeja más a Gandalf y su disparo también, capaz de paralizar al enemigo, sólo que con el pie en vez de con una vara.

Ucrania acusaba el golpe y hasta sus fieles enmudecían por momentos antes del paso por vestuarios. En la reanudación sin embargo volvía el juego peleón y emboscado de los zbirna, sufrido en carne propia por los de José Venancio López.

Lo incierto del marcador volvía a agigantar las prestaciones del guardameta Paco Sedano, quien se multiplicaba para sacar balones de peligro, mientras los alas españoles llevaban la réplica en sus contragolpes que el portero Ivanyak salvaba a su vez.

La incertidumbre lo presidía todo en los minutos postreros y Kosenko añadía más drama al último acto optando por el portero-jugador y gozando de menos ocasiones que las españolas friustradas por el inmenso guardameta ucraniano, quien mantuvo con aire a los suyos hasta el final.

Así conseguía España meterse en su undécima semifinal consecutiva de la Eurocopa volviendo a maravillar con lo cotidiano de su gen ganador y justo antes de que Liubliana se fuese a dormir otro martes de invierno.
El jueves aguarda Kazajistán. Hasta entonces, con la selección viva en su sueño de repetir título, los internacionales siguen pensando como Diamond recordando a su Dulce Caroline que la noche no parece tan solitaria si este equipo sigue llenándola con su presencia.

RFEF

 

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