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El error de permitir que el entrenador haga los fichajes

fichajesUno echa la vista atrás y analiza en perspectiva los movimientos de mercado que ha hecho el Mallorca durante el año natural de 2016 y es para ponerse a temblar: 250.000 euros de traspaso por Óscar Díaz, 200.000 más por Lekic, 350.000 euros de salario a Salomao, echar a Sissoko para traer a Juan Rodríguez, prescindir de Truyols para firmarle dos años a Ansotegi, la broma de Colunga, Santamaría….Es cierto que sí ha habido operaciones interesantes, como los fichajes de Pol Roigé, Lago y Raíllo, pero en general la nota es muy baja.

Maheta Molango es un gestor joven que necesita llevarse palos para aprender, y quiero entender que en el futuro no caerá en los mismos errores. Para mí el más grave de todos fue darle mando en plaza en los fichajes a Fernando Vázquez. El gallego confeccionó una plantilla a su medida e invirtió casi todos los recursos económicos del club en jugadores de su corte -Juan Domínguez, Juan Rodríguez, Culio y Salomao- con los que formar lo que él entendió que sería un centro del campo imbatible. No sólo no fue así, sino que el equipo quedó claramente descompensado.

Permitir que la plantilla la haga el entrenador es un error de principiante. Casi siempre sale mal. Le sucedió al Liverpool con Benítez, al Barcelona con Guardiola -Chigrynsky e Ibrahimovic, por poner dos ejemplos-, al Madrid con Mourinho y, por no irnos demasiado lejos, al Mallorca con la segunda etapa de Cúper -Tuzzio, Potenza, Peralta, Iuliano, Choutos, Romeo…- El fútbol ha cambiado y el profesional que ocupa el banquillo no debe tener la última palabra bajo ningún concepto. Un ejemplo muy claro es el de James, relegado al filial porque Vázquez exigió a Salomao, cortando la progresión del extremo del filial. Es evidente que el club no obtendrá beneficio económico alguno de Salomao, que llegó con casi 28 años. En cambio, es probable que si se deja crecer a James acabe teniendo mucho más valor.

Aquí, claro, entramos en la segunda parte de la ecuación. Si el entrenador se somete a los deseos del club también está perdido, porque a poco que los resultados no sean buenos, será él quien pague los platos rotos. Por eso, en cuanto pueden, los técnicos meten mano en los fichajes para traer a jugadores de su confianza. Es una política muy conservadora, pero están protegiendo su propio puesto de trabajo.

Como casi siempre en la vida, en el equilibrio está la razón. Entrenador y director deportivo deben trabajar de la mano y confeccionar una plantilla que pelee por resultados inmediatos, pero que también vele por los intereses de futuro del club, y si hay jugadores en la cantera con capacidad de proyección es absurdo cerrarles el paso. Ha estado a punto de suceder esta temporada con Brandon. Cuando el Mallorca fichó a Culio estaba convencido de que era para ocupar el puesto del mallorquín porque es la demarcación en la que el argentino da mejor rendimiento, por detrás del delantero. Por suerte Brandon empezó a marcar goles y ningún entrenador del mundo lanza piedras contra su propio tejado, pero tengo la certeza de que si no llega a estar atinado ante la portería contraria no hubiera tardado en ser carne de banquillo. Relegado por un jugador de 33 años que, por supuesto, tampoco va a dejar ni un céntimo de ganancia. Esa política, para un club como el Mallorca, es altamente tóxica.

Por supuesto que el equipo debe tener varios veteranos en la plantilla. Es imprescindible. Pero siempre que no le cierren el paso a jugadores que suban con proyección desde abajo. Quizás sea pronto para que James o los dos Ángel sean titulares, pero malgastar el dinero en Salomao, Oscar Díaz, Ansotegi, Santamaría, Colunga o Lekic no es tampoco el camino. Proteger tu propio producto es el único medio de que el Mallorca sea autosuficiente y no dependa de bolsillos externos. Y para que eso suceda la última palabra en fichajes no puede tenerla nunca el entrenador.

futboldesdemallorca (T.M.)

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