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Sports de ca Nostra

La pretemporada más triste

mallorcaNi el Barcelona, por muchos internacionales que le faltaran, consiguió resucitar el Trofeo Colombino, un clásico del verano como tantos otros torneos que, igual que el Ciudad de Palma, han perdido color, atractivo y, en definitiva, interés. Cuando el otro día se planteó la posibilidad de un Mallorca-Atlético Baleares en plena canícula estival, pudimos darnos cuentas del alarmante descenso de nivel que registra el fútbol insular. Comparar un duelo palmesano de rivalidad decadente con aquellas citas que llenaban el Lluis Sitjar a las que, de la mano de José Buades Costa, acudían los mejores equipos españoles y otros punteros del resto de Europa, Brasil o Argentina, es un insulto a la afición o lo que queda de ella que, como ha ocurrido en Huelva, cada vez es menor. Lo que nadie ha querido entender y a los consejeros que ocupan circunstancialmente Son Moix ni les importa, es que todos salimos perdiendo. Ellos los primeros, porque sus acciones no valen lo que cuesta un polo de limón y, de rebote, alientan el olfato de cuanto advenedizo y cuatrero nacional o foráneo ve en el negocio del fútbol el escenario idóneo para sus trapicheos. Quienes hoy continúan apoltronados en el palco del estadio municipal, concesión aparte, a la espera de pegar un pelotazo que les garantice una vejez tranquila, deberían tomar nota de todo lo que les rodea: un público en desbandada, una sociedad que les rechaza y una proyección deplorable de su imagen que, a la vez, refleja la del club, la ciudad y la isla.
 
La televisión es al espectáculo futbolero lo que el todo incluido de los hoteles a la oferta complementaria. El suroeste andaluz ha servido de guía para pulsar el hartazgo que ha significado el reciente Mundial de Brasil, pero también la desilusión de un proyecto trazado a tres años que se ha diluido en el segundo. Al otro lado, ya a orillas del Ebro, Zaragoza no es Palma y aquí no saldrán quince mil almas a la calle para pedir a quienes tienen secuestrado al club que lo liberen de su voracidad sin escrúpulos. Con esta ventaja juegan todos aquellos que desembarcan en el muelle bermellón dispuestos a engañar a todos durante todo el tiempo posible. Aunque a la larga se engañan a sí mismos y trocan en lágrimas sus falsas sonrisas. Alejandro vidal Diario de Mallorca

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