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Lo «Peor» del Futbol ; » Mi Hijo es un crack»

En los últimos tiempos se está convirtiendo en algo habitual encontrar familias que creen estar criando en su seno a futuros Messi, Romario o Cristiano Ronaldo. Quizá les convendría escuchar a Fernando Torres, hoy jugador del Chelsea, hablando de su periodo de formación como futbolista y reconociendo claramente que con sus padres hablaba muy poco de fútbol, que éstos jamás se metieron con el árbitro ni con el rival, y que tampoco le decían cómo debía comportarse como futbolista. Afirma sin dudarlo que sus padres jamás le metieron presión. Y no parece una mala receta si comprobamos su trayectoria futbolística.

Este ejemplo viene a colación por la mala influencia que están recibiendo de sus padres muchos niños al iniciarse como futbolistas. Precisamente de los padres, quienes deben ser la máxima referencia y la mayor fuente de aprendizaje para un niño, y justo en pleno proceso de su formación, de autoconocimiento, de alcanzar la autoestima, y de encontrar su capacidad para tomar decisiones y resolverlas. El niño busca el reconocimiento de sus padres, y en estas circunstancias, el mensaje de “quiero que seas el mejor y no puedes fallar” sin duda resulta mucho más negativo que el de “esfuérzate, haz lo que puedas y disfruta”. Lo bien cierto es que cuando un padre se obsesiona con que su hijo sea el mejor, suele encontrar el fracaso, y no sólo en el ámbito del deporte.
La Federación Murciana de Fútbol emprendió hace dos años una investigación para medir la violencia verbal en las categorías infantiles. Durante toda una temporada diez informadores fueron acudiendo a todos los campos de su geografía. Veían los partidos y anotaban lo que se decía y quién lo decía. Entre sus conclusiones encontramos insultos para todos los gustos. Uno de los más habituales es “dale fuerte”. Parece tener menos carga peyorativa que otros, pero su mensaje es realmente terrible al inducir a los propios hijos a la violencia. Según dicho estudio, los principales culpables al menos en un 80%, son los padres.

Algunos de ellos centran su empeño en dar órdenes, corregir posiciones, clamar contra el árbitro y, quizá sin pretenderlo, cargar a sus hijos con responsabilidades imposibles de llevar. Como el padre que siempre se colocaba detrás de la portería que ocupaba su hijo. No paraba de darle instrucciones, le estuvo presionando hasta que el chaval no aguantó más y rompió a llorar. El árbitro tuvo que parar el partido para atenderlo. Lamentable.
También es habitual encontrar a personas que, siendo educadísimas, cuando ven a su hijo jugando al fútbol pierden la cabeza, insultan, chillan y son difíciles de reconocer. Ésta es una de las complejidades del deporte de base, gente que en su vida cotidiana son normalmente sociables caen en conductas antisociales, gritando, metiendo presión al entrenador, al árbitro, y a su propio hijo. Como cualquiera puede suponer, semejante conducta se graba a fuego en el chaval y lo lleva irremediablemente al fracaso personal.

 

Pero a pesar de lo anterior no todos los padres son unos fanáticos. Son muchos los que se conforman con ver a sus hijos haciendo algo que les llena. Son conscientes que ante todo hay que enseñarles a disfrutar, y que no todos pueden llegar a la élite. Que sepan que lo importante es pasarlo bien haciendo deporte, que después del sacrificio de entrenamientos y partidos, conseguirán ser personas con hábitos sanos para la vida, tanto físicos como mentales, que sabrán ganar y perder, que conocerán el compañerismo, la amistad, el compromiso, y la convivencia. El niño desde que coge un balón tiene una competitividad natural y solo se trata de saber encauzarla.

Dentro de este contexto, la pelota va a estar siempre en el tejado de los educadores, tanto padres como entrenadores. Y en esa batalla cotidiana también juegan un papel esencial los medios de comunicación, demasiado acostumbrados a las exageraciones deportivas. Pero me temo que esto último será difícil de cambiar. Hay que vender ante todo. Los padres debieran tener presente que en el periodo de formación de un futbolista hay que tener tranquilidad, y que las prisas son siempre malas consejeras. Nadie llega a alcanzar la élite programado desde su infancia. Explotar el talento requiere paciencia y también sabiduría. Que les pregunten a los entornos de Messi, Cristiano, Chicharito o Iniesta. Son claros ejemplos de talento natural bien encauzado.

Sergio-Lovingfutbol
Sportsdecanostra.com

 

 

 

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