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Messi no proclama su tristeza como Ronaldo pero sí que pide un aumento de sueldo a Rosell

Leo Messi no proclama esa tristeza que todo el mundo ha entendido como una petición de subida de sueldo anunciada por Crisitano Ronaldo hace ya ocho días, pero quiere exactamente lo mismo que su encarnizado rival. El argentino ha pedido una nueva revisión de contrato. Quiere más, pero el Barcelona, bajo su axioma de ser más que un club, lo ha sabido maquillar con aquello de contrato vitalicio, que suele ser aquel contrato que se firma y que a los dos años ya no saben qué hacer con el vínculo en cuestión (véase los casos de Guti y Raúl). Curiosamente, uno y otro firmaron su último contrato con apenas unos meses de diferencia. Uno en junio de 2009 y el otro en septiembre del mismo año.

El órgano propagandístico de la entidad azulgrana funciona mejor que el del Real Madrid, algo que preocupa por el Santiago Bernabéu, y las negociaciones y la petición del argentino de subir un escalón salarial, se han disfrazado de contrato de por vida. Freixa desmintió un posible acuerdo la semana pasada, pero El Confidencial, ha podido saber que Messi y Rosell ya han tenido diferentes conversaciones con el fin de mejorar el contrato que el argentino firmó hace tres años. Ha pasado el tiempo y ya le parecen poco los 10,5 millones de euros limpios.
 
Hay otros que ganan más y eso no es de su agrado. Uno y otro se creen en posesión del número uno y como tal quieren ganar. Curioso, opuestos en muchos aspectos de la vida, nada amigos, pero la ambición del azulgrana y el madridista no tiene límite. Luchan por ser los mejores y quieren que se les reconozca como tal. Uno desde el silencio, el otro desde los gestos y las proclamas nada solidarias.
 
Samuel Eto’o rompió el mercado el pasado verano. Sorprendió a todos, dejando el Inter para acudir a la llamada de un equipo que meses atrás pertenecía a una segunda o tercera línea del fútbol ruso. 20 millones de euros limpios de polvo y paja por temporada tuvieron la culpa del cambio, de olvidar el fútbol competitivo del Scudetto, para pasar a un equipo llamado Anzhi, por mucho que Roberto Carlos militara en sus filas. En el momento en el que el camerunés firmó ese contrato, no lo hizo hasta que en su cuenta ingresaron 8 millones de euros a manera de anticipo de lo que vendría luego, la primera línea de futbolistas, los llamados a competir por ese Balón de Oro que nos machaca día y noche, se pusieron en guardia. Crisitano Ronaldo y Leonel Messi, da lo mismo el orden, se empezaron a sentir maltratados, al menos en los económico.
 
A día de hoy, sueldos como los de Eto’o, los 13 de Ibrahimovic o por ejemplo los 6 millones limpios por los que ha firmado un jugador sin más como Lass en el citado Anzhi, que ha pagado 11 millones de euros al Real Madrid, están fuera del alcance de los equipos alejados del típico mecenas venido del Este o del Golfo Pérsico. Estos equipos estilo Anzhi o PSG parecen solo aspirar a recopilar estrellas, al dar la espalda al ‘fair play’ financiero que entrara en vigor en dos años y que no permite cuadrar balances a golpe de talonario. Incluso el Chelsea ha puesto un límite salarial para armonizar gastos e ingresos. El que no lo haga no podrá pisar Europa. No hay otra. Los jugadores deberán elegir e inclinarse por la gloria deportiva o el dinero que llega de Suleiman Kerimov, dueño del Anzhi, o de Abdullah Bin Nasser Al Thani, propietario del PSG.
 
Messi termina contrato en 2016
 
En el caso de Ronaldo, en el Real Madrid existe total y absoluta tranquilidad. En pocas ocasiones los dirigentes madridistas han estado más impasibles ante la crisis de alguna de sus estrellas. Por el momento, esperan descifrar los motivos de la tristeza, aunque apuntan a lo económico. Los 1.000 millones de euros que figuran como cláusula de rescisión invitan a no variar el ritmo de los acontecimientos y a no precipitarse. Y es que por el Bernabéu hablan de 250 millones de euros como punto de partida si es que realmente se quiere ir.
 
Las conversaciones mantenidas con su agente no han conseguido resolver el enigma y han confirmado que no, supuestamente, no hay oferta alguna tras este movimiento del portugués. Lo que sí tienen claro es que ha sido un pulso a la directiva encabezada por Florentino Pérezal realizarlo ya con el mercado cerrado sin posibilidad de movimiento alguno.
 
Leo Messi está siendo más discreto y los retos y las negociaciones no tienen espectadores de por medio. Termina contrato en 2016, un año después que Ronaldo, pero los 250 millones de euros de cláusula de rescisión, podrían entrar en los cálculos de algún nuevo millonario que busca la gloria del fútbol por el cauce más rápido y, generalmente, más equivocado.
Elconfidencial.com
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